Colección Maizal

Este libro fue ganador del Premio de Proyectos Editoriales del Fondo Nacional de las Artes en 2019 y propone un diálogo atento entre poesía e ilustración para dar cuenta de la relación con el espacio y las cosas que nos rodean durante el proceso de un duelo. Dice Clara Muschietti en la contratapa:

Apagar la luz comienza con una suerte de confesión: "Me preocupa el tema del amor". Es imposible no escuchar esa voz íntima que trata de desenredar un nudo. A lo largo del libro esta voz se despliega con un encanto único. Por momentos es como si una amiga te hablara, o mejor dicho, como si dos amigas te contaran sus secretos. Daniela Goldin y Eva Mastrogiulio se unieron y crearon este libro hipnótico en donde se potencian sus mundos. Apagar la luz termina con otra confesión, pero mejor no la cuento, así no rompo el hechizo.

Entre sentar y sentir hay una silla.

Las sillas florecen cuando la atención se hace amiga de la sorpresa. Veinte sillas sorprendidas por el diálogo entre el decir poético de Florencia Fragasso y los dibujos de Julieta Dolinsky juegan a ser ellas mismas y otra cosa. (...)

Veinte sillas multiplicadas por todas las lecturas posibles es una invitación luminosa a inventar nuevas sillas, a mirar las cercanas o lejanas con ojos nuevos, florecidos por la poesía.

Cecilia Bajour

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Cubierto

Aquí tenemos la historia de una familia que, en el marco de una vida gris, tiene algo diferente. Su historia está contada a través de poemas ideales para ser leídos por los pequeños en voz alta. Un tono travieso restaura en el lector adulto el viejo sabor de la infancia hasta que, de repente, algo nos pellizca, nos saca del ensueño y desconcierta…

Franco Vaccarini

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Un libro de poemas no es, al fin y al cabo, ni más ni menos que un puñado de piedritas. Guijarros acumulados en el tiempo que atesoran el sonido de una voz. Algunos brillas, resplandecen; otros son opacos, sólo pesan. Pero cada uno cumple una función indispensable.

La voz de Cecilia Pisos resuena -como siempre en su obra- juguetona y cantarina, pero también se muestra con una solidez inusitada, soportando marejadas.

Hilda Fernández

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La madre (judía) como centro, pero también una época (el peronismo de los años 50), y la mirada de un niño que, al recordar, construye su propio itinerario. La anécdota como una delicada red que desde lo visible se acerca a lo invisible, y nunca al revés. Cada historia que se cuenta es además una fábula y una manera de atravesar la realidad. Yo creo que con estos poemas Gustavo Gottfried dio en el blanco, es decir, en su propio corazón.

Osvaldo Bossi

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